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miércoles, 15 de febrero de 2017

Conoce los tipos de Adultez

Adultez Primaria: Correspondiente a los años 20-35 que es el periodo cuando el adulto empieza una relación de amor, o se desarrollan sus sentidos de soledad y aislamiento. El desarrollo cognitivo de esta etapa posibilita el autocontrol de la propia conducta, facilitando la independencia personal. Se da un incremento en la inteligencia práctica, aplicándose a ámbitos tan importantes como la familia o la profesión. Obviamente los logros en esta etapa van a ser decisivos y sus consecuencias van a a afectar a ese adulto durante mucho tiempo.

Adultez Intermedia: de los 35 a los 65 años, correspondientes al tiempo en el adulto necesita de fuertes demandas de responsabilidad para atender a las transiciones propias de este estadio: familia, trabajo, responsabilidad en la comunidad o en la empresa. Durante este periodo debe resolver situaciones complejas que están condicionadas por el pasado, por el presente, y se proyectan al futuro, para lo que es necesario poseer y aplicar un sinfín de estrategias relevantes. En general, se implica en trabajo productivo, incluyendo el crecimiento de la siguiente generación, o permanecen estancados y centrados en si mismos.
interesante

Adultez Tardía: de lo 65 años en adelantes. Se caracteriza por la integración, es cuando la persona intenta dar sentido a la vida e incorporar las elecciones que ha hecho en el pasado de un modelo signiicativo y satisfactorio. Interesan poco las cuestiones abstractas y mas aquellas relacionada directamente con el propio sentido de vida. El fallo en esta edad lleva al desespero, mientras que el éxito tiene como resultado un conocimiento de calidad y sabiduría.

La edad Biológica de un individuo puede ser definida como una estimación de su individual posición actual con respecto a su potencial duración de la vida.

La edad psicológica puede, por definición, referirse a las capacidades adaptativas de los individuos, que es, lo bien que puede adaptarse a los cambios ambientales demandado en comparación con la media.

La edad social se refiere a los roles y hábitos social de un individuo respecto a otros miembros de la sociedad

Cómo controlar la ansiedad: 8 consejos básicos

Después de años trabajando con personas que sufren ansiedad, escribo esta guía como ayuda y complemento a la psicoterapia y a la medicación.

Controlar la ansiedad: 8 consejos básicos


Respiración

Las personas que sufren ansiedad, suelen tener una respiración superficial, poco efectiva en términos energéticos, con una tendencia a hiperventilar, y a generar y mantener mucha tensión muscular en diferentes grupos musculares.

Para sentir menos (angustia, miedo, bronca, placer, etc.) respiramos menos. La respiración limitada reduce la posibilidad de movimiento y el movimiento determina nuestros sentimientos. Los ansiosos necesitan modificar su patrón de respiración. Es importante alcanzar una respiración profunda y de calidad.

Conocimiento corporal

En la ansiedad se establece un circuito de retroalimentación entre las sensaciones corporales, las emocionales y los pensamientos. Para que una persona esté sana hay que trabajar y alinear sus tres centros: el cognitivo, el intuitivo y el emocional.


Es fundamental con las personas ansiosas aprendan a interrumpir la retroalimentación entre el componente fisiológico de la ansiedad (por ejemplo la hiperventilación o la tensión muscular aguda o crónica) con el aspecto emocional subyacente (rabia, miedo).

Ampliando y profundizando en la respiración, y con ejercicios de bionergética (por ejemplo, enraizamiento o grounding) se mejora la percepción y el conocimiento corporal. El objetivo es alimentar la expresión emocional espontánea del cliente y hacerla objeto de reflexión consciente.

La realización de caminatas diarias facilitan el descenso de la energía de la cabeza a la parte inferior del cuerpo, aliviando la sobrecarga superior y fortaleciendo la seguridad de las piernas. Las personas ansiosas suelen ser personas que están instaladas muchas horas al día en la cabeza, en su pensamiento, y necesitan bajar la energía al cuerpo.

Otras acciones musculares para traer energía al cuerpo intensificando la vivencia de corporeidad son la danza, meditaciones dinámicas, movimientos rítmicos de piernas y pelvis, saltar la cuerda, etc.

Relajar el cuerpo

Las personas que sufren de ansiedad suelen estar muy rígidas, con grupos musculares afectados con mucha tensión, sensible al contacto suave. Aprender a relajarnos es una tarea imprescindible para combatir la ansiedad.

Conforme aprendamos a relajar por completo los distintos grupos musculares de nuestro cuerpo, estableceremos una especie de memoria muscular. Además, desarrollaremos y agudizaremos nuestra conciencia de los distintos grados de tensión muscular y, por tanto, advertiremos los cambios sutiles que se producen en este sentido.

Con el tiempo, podremos trasladar las técnicas de relajación a nuestra vida diaria y, en los momentos de estrés, utilizarlas de forma consciente para romper el ciclo de tensión muscular y síntomas físicos.

Cuando aprendemos a controlar la respiración y la musculatura, podemos encontrar ese lugar de profunda paz y seguridad que siempre está en nuestro interior. Y si alcanzamos ese grado de paz interior, interrumpiremos por completo la producción de hormonas o sustancias químicas relacionadas con el estrés. Entonces habremos aprendido a dominar nuestro cuerpo y nuestra mente.

Asertividad

La mayoría de las personas ansiosas, son personas que se llenan de actividades, aprender a decir que no, a poner límites es fundamental, para ello la persona necesita tener confianza en sí misma. Trabajar la asertividad, la capacidad de afirmarse a sí mismo, independizarse del campo social, de enfrentarse a los demás, y de defender los propios derechos.

También se requiere que el ansioso identifique y modifique las creencias limitantes que le impiden ser asertivo, gestionar su tiempo de otra manera, tener más confianza en sí mismo, etc.

Gestión del tiempo

Los ansiosos suelen ser personas con una distorsión del tiempo, suelen tener siempre la sensación de no llegar a todo, se planifican y gestionan mal el tiempo y por tanto siempre van “corriendo”, y esto alimenta más su ansiedad.

Realizar una adecuada planificación requiere tiempo, se puede aprender a planificar, priorice sus necesidades y si por alguna cuestión no pueden llevarse a cabo todas, recuerde después de un día viene otro.

No se “acelere”. Recuerde que hacer las cosas con más rapidez no le hace más eficaz.

Darse placeres

Experimentar sensaciones placenteras hace que nuestro cuerpo segregue dopamina, serotonina y endorfinas, que son las hormonas del “placer”, antagonistas de la ansiedad.

Dejar un hueco en la planificación diaria para aquellas actividades que le resultan agradables y placenteras: leer, escuchar música, hacer algo de ejercicio, pasear, tener relaciones sexuales placenteras o en su defecto, masturbarse, cualquier cosa que sea relajante para usted. No deje de practicar aquellas actividades que le proporcionen sensación de “cargar las pilas”. Recuperar la energía es necesario.

Gestión emocional

Aprender a manejar sus sentimientos. Los pensamientos positivos también tienen un efecto positivo sobre nuestro estado de ánimo y nos ayudan a controlar la ansiedad.

Es importante reconocer los pensamientos agobiantes, en aquellas situaciones que le preocupan (el “todo”, “nada”, “siempre”, “nunca”, “nadie”), para cambiarlos por otros más “objetivos” (“algo”, “algunos”, “algunas veces”).

Cuidar el cuerpo: comida, sueño y ejercicio

La ansiedad nos lleva a comer mal, y a no hacer ejercicio, una excusa suele ser la falta de tiempo, otras veces es el sueño el que se nos altera, impidiendo tener un descanso adecuado, que a su vez nos genera más ansiedad.

Seguir una dieta equilibrada, eliminando o rebajando aquellas sustancias perjudiciales para controlar la ansiedad, como: cafeína, teína y otras bebidas estimulantes. El alcohol, la cocaína, el cannabis y las drogas de síntesis pueden producir ansiedad. Tener una adecuada higiene del sueño es fundamental para bajar la ansiedad.

La celotípia o celos enfermizos

Aproximadamente un cuarenta por ciento de la población admite haber sufrido de celos sin justificación por lo menos una vez en la vida, lo que quiere decir que los celos son, hasta cierto punto, un sentimiento natural en los seres humanos.

Ponerse celoso tiene que ver –esencialmente-, con la envidia infantil de creer que todo nos pertenece; el niño en su etapa de tirano (en sus primeros tres años y hasta los cinco en casos más agudos) asume que tiene derecho sobre cualquier cosa que tenga o desee. Un mecanismo normal que si no tiene un freno estableciendo límites por parte de los padres, en la adultez puede transformarse en capricho, inseguridad y temor a perder el control sobre lo que tiene o desea.

Como puedes ver, todos sentimos celos y envidia, al menos de forma intermitente y desde niños.

Sin embargo, la historia de Otelo, el valeroso y noble pero nada emocionalmente inteligente, general moro que cae perdido de amor por una dulce doncella llamada Desdémona, nos establece una muestra del mecanismo mucho más profundo y pervertido que tiene que ver con los celos y que se desarrolla cuando ese pensamiento infantil se prolonga y queda de manera permanente en la etapa adulta; este trastorno de la personalidad es denominado Trastorno Delirante de tipo celotípico por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés).

De lo normal a lo anormal

El DSM es una herramienta imprescindible para casi cualquier campo que base su accionar en el estudio de la mente y conducta humanas. Es muy importante su uso porque nos presenta un claro rango entre lo que puede considerarse normal y lo que no lo es. La anormalidad no necesariamente es sinónimo de enfermedad, pero sí quiere decir que algo se sale de ciertos límites que se presentan en la mayoría de los individuos, esto es, se sale de la norma.

En este sentido, el DSM hace una referencia contundente al tipo de pensamiento y conducta  o celos descontrolados que se salen de la norma: la celotípia: “El tema central de esta idea delirante es que la pareja tiene un amante o es infiel. Esta idea se apoya sobre inferencias erróneas apoyadas en pequeñas pruebas, como por ejemplo, manchas en las sábanas. El sujeto con esta idea intenta intervenir en la fidelidad imaginada, como por ejemplo, investigando al amante o agrediendo a la pareja.”

Como has podido notar, he resaltado algunos puntos de la anterior definición que marcan una diferencia abismal con los celos naturales. En primer lugar señalo la palabra “delirante”, que se refiere a una alteración mental que provoca que la persona alucine y tenga pensamientos confusos, en psicología guarda una proximidad bastante peligrosa con el Trastorno psicótico, en donde se pierde el contacto total con la realidad.

En segundo lugar apunto “inferencias erróneas”, que se refiere a deducir algo, es decir, a sacar una evaluación mental entre distintas posibilidades que, al ser relacionadas, permiten llegar a un resultado. Éste es el núcleo del pensamiento deductivo (sí, el de Sherlock Holmes), sin embargo, en el caso del celotípico este pensamiento, al apoyarse en el delirio, adquiere la calidad de erróneo en automático. Para la persona con celotípia, bastará su simple imaginación para otorgar crédito de realidad, con escasas e incluso ninguna prueba que sostengan su idea.

Finalmente, hago notar la palabra “agrediendo”. Casi siempre este es el resultado final en el que desemboca el celotípico: la violencia en contra de alguien, casi siempre contra el objeto de su obsesión, es decir su amante; sin embargo, también agrede a terceros.

Hace poco leí de un caso en el que un taxista perdió la vida a manos de un amante celotípico cuando llevó a la compañera de éste a su domicilio en un servicio: el pobre hombre se topó con la muerte cuando ayudó a la mujer a bajar las cosas que llevaba en la cajuela del auto hasta la puerta de su casa. El marido celotípico estaba seguro que era el amante de su esposa y lo baleó. ¿Un caso similar? Otelo asesinando a Desdémona por las sospechas infundadas del malvado Yago.

Los tres tipos de celos


Ahora, como decíamos anteriormente, no todas las personas que sienten celos son Otelos, hay niveles en referencia a ello. Siempre he dicho que pocas cosas en la vida son “buenas” o “malas” per se, sino que esto se cataloga de acuerdo al grado en que se desarrollen dichas actitudes. Como veremos, la diferencia entre estos tipos de celos radica en una sola cosa: la obsesión.

La obsesión es un estado de turbación del ánimo que se produce por una idea fija y que no deja en paz a la mente, por lo que todos los pensamientos giran en torno a ella. Los sentimientos que se generan –como los celos-, en todo caso pueden persistir más allá de los esfuerzos que la persona haga por erradicarlos o controlarlos, se necesita de mucho trabajo y disciplina para controlar una obsesión. Tal vez por eso la acepción latina de la palabra obsesión sea “asedio” (obsessio). Nos asedian los pensamientos y sentimientos recurrentes.

A continuación te describo estos tres tipos de celos que, debo aclarar, se tratan de celos patológicos, es decir aquellos que están ligados –desde el punto de vista médico-, al concepto de enfermedad o,  como dije líneas arriba, desde  el punto de vista psicoterapéutico, algo más benevolente pero igual de acertado, fuera de la normalidad.

Celos pasionales

Primero mencionaré a los celos pasionales, son los que se originan por el temor de perder a la pareja; estos celos originan conductas agresivas y ansiosas, lo que quiere decir que el celoso enloquece ante la idea de ser objeto de una “burla” o “humillación” por parte de su pareja.

Celos obsesivos

Después están los celos obsesivos, que son aquellos –como ya mencionábamos antes-, en donde predominan los pensamientos constantes de una infidelidad y sus consiguientes sentimientos. Este tipo de celos son tan distorsionados que incluso aunque el celoso esté convencido de que sus sospechas son injustificadas no puede apartar de su mente esas ideas, lo que le genera gran estrés y una enorme falta de asertividad en su toma de decisiones.

Celos delirantes

Al final están a los que se refiere el DSM que son los celos delirantes. Este tipo es el más peligroso ya que en ellos hay un absoluto convencimiento de una infidelidad pero sin que haya pruebas de por medio de que la pareja está engañando al celoso; este tipo es el que padecía Otelo y es el que más relacionado está con los crímenes pasionales porque hay en ellos un alto grado de paranoia y depresión.

¿Cómo identifico si soy celotípico?

Una vez que tienes presente lo que son los celos, la celotípia y los tipos de celos, la gran pregunta es ¿cómo sé si yo soy o mi pareja  es celotípica? Y para responder esto hagamos un breve repaso de algunas señales que pueden acercarte a ello. Como siempre advierto, estas señales son solamente referenciales ya que la finalidad de este artículo es sólo dar una introducción al tema.

1. Tienes un estado constante de ansiedad y preocupación por lo que hace tu pareja

Necesitas estar vigilando lo que tu pareja hace y estar junto a ella todo el tiempo, si no es así, si él o ella hacen algo que no esté bajo tu control, en automático tienes pensamientos de infidelidad que te llenan de ansiedad y no puedes frenar.

2. Si tu pareja se vuelve “tu mundo”

El celotípico crea una especie de burbuja “tú y yo contra el mundo”. Y si alguien se quiere meter en él –no sólo un posible amante, sino amigos, pareja, compañeros de trabajo, etc.-, no es capaz de tolerarlo. Esto tiene que ver con inseguridad y baja autoestima personal, no necesariamente con tu pareja y sus acciones.

3. Tienes miedo de forma constante de que te abandonen

En realidad el celotípico no tiene tanto temor al abandono como a ser abandonado por un “nuevo modelo”, porque lo traduce como ser abandonado por alguien “mejor”; pocas veces puede ver que es su propia actitud de celos la que está provocando la fractura de su relación. Por esta razón se aísla en una relación de dos y trata de que su pareja también se aísle solamente con él.

4. Agresiones físicas, mentales, emocionales o verbales

No le queda más remedio que lidiar con esos sentimientos y como no tiene herramientas para ello (no las aprendió), recurre a la más simple –y, a veces, efectiva-, de todas: la agresión. Esta puede llegar a la violencia física.

Una vez más: usa tu sentido común al decidir si estos puntos realmente se adecuan a tu situación. Es muy importante que si ha sido así, tomes cartas en el asunto. Y mi recomendación básica es que busques ayuda profesional, porque si bien yo no considero (y ya sé que con esta aseveración mis haters de aquí se darán vuelo) que la celotípia no se cura, sí puede controlarse de forma casi permanente con la ayuda adecuada.

Y bueno, tal vez si te decides leer Otelo de William Shakespeare puedas identificar de forma amena lo que te he tratado de exponer en estas breves líneas, aunque me temo que el final será algo que no te gustará y quizá quieras evitar vivir en carne propia. Hasta la próxima.

Examen psicotécnico: Todo lo que necesitas saber

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los accidentes de tráfico constituyen la primera causa de muerte en el mundo en personas cuyas edades están entre los 15 y los 29 años. De hecho, en el último año los accidentes de tráfico han aumentado en Europa (26.000 víctimas mortales y 135.000 heridos graves en 2015). En nuestro país, hay de media una muerte por accidente de tráfico cada cinco horas.

A lo que vamos… ¿Por qué es necesario someter a los conductores a evaluaciones médicas y psicotécnicas con el objetivo de renovarles el carnet de conducir?

Se sabe que a los psicólogos nos gustan mucho las estadísticas. Y si no habéis tenido bastante con las de la introducción, todavía tengo más. En el 90 % de los accidentes de tráfico, la causa se atribuye al factor humano y a variables como las malas decisiones, consumo de drogas, distracciones del conductor o infracciones.

Tan sólo el 10 % son atribuidos a las malas condiciones de la carretera y/o incidencias mecánicas del coche. Algo que nos da para pensar y encontrarle sentido a las evaluaciones psicotécnicas y a las pruebas médicas que llevan realizándose en nuestro país desde hace muchos años.

España es uno de los países donde los psicólogos que se dedican a realizar psicotécnicos tienen una actividad regulada legalmente. Nuestro país siempre ha sido precursor en este ámbito a nivel internacional, siendo el país europeo que evalúa a la totalidad de su población conductora desde el año 1985. Legalmente, fue en el año 1969 cuando se publicó una Orden Ministerial en la que se especifican las variables psicológicas a explorar para las revisiones de los conductores profesionales.

¿Cuál es el objetivo del examen psicotécnico?

Evaluar la aptitud psicológica en personas que realizan actividades de riesgo que pueden afectar a su seguridad o a la de otras personas. Dentro de este grupo de personas están los conductores, trabajadores que manejan grúas, patrón de barco, personas que tienen animales peligrosos y personas que disponen de armas de fuego.

Como es lógico, la evaluación psicológica y médica se realiza con una periodicidad que varía en función de la edad del sujeto, sus características y el tipo de licencia. Por ejemplo: quienes conducen vehículos pesados (camiones, autobuses…) se renuevan el carnet cada 5 años. Y quienes tienen algún tipo de enfermedad mental se lo renuevan anualmente.

¿Qué pruebas se hacen en el examen psicotécnico?

Tanto para renovar una licencia como para obtenerla, las pruebas son prácticamente las mismas. Por un lado tenemos las psicológicas y por otro las médicas. Entre las médicas está la evaluación de vista, oídos y aspectos médicos (enfermedades, toma de medicamentos, tensión, talla, etc), y entre las psicológicas están las siguientes:

Coordinación bimanual

Consiste en manejar dos coches a la vez con dos mandos, cada uno por una carretera. El objetivo es mantenerlos dentro de los carriles lo máximo posible, sin salirse. En función de los errores cometidos, obtenemos una puntuación que nos permite saber si el conductor está dentro de los límites establecidos para poder conducir.

Anticipación y percepción de la velocidad

El sujeto ve una bola moviéndose de izquierda a derecha y al revés, que entra en una especie de túnel. Tiene que adivinar cuándo llega al final de éste. Nuestro objetivo al realizar esta prueba es ver la percepción de velocidad por parte del conductor y su capacidad para adaptarse a ella.

Reacciones múltiples

Ante diferentes estímulos, la persona tiene que reaccionar de una forma distinta. Unas veces tendrá que pulsar un botón con la mano derecha, otras con el pie izquierdo, etc. Con esto evaluamos cuánto tiempo tarda en reaccionar ante diferentes respuestas, de forma que si es muy elevado nos indicaría que no está capacitado para conducir.

Inteligencia práctica

Es necesario un nivel básico de inteligencia para ponerse a los mandos de un vehículo y poder percibir una situación correctamente. Normalmente, en los tiempos que corren, es poco frecuente encontrarse con personas cuyo nivel sea tan bajo que no superen esta prueba.

Test para descartar demencias. Desde preguntarle qué día es, de dónde viene, como se llaman sus hijos o quién es el presidente del gobierno, hasta incluso realizar el Test del Reloj. Todo ello con el objetivo de saber si la persona está bien orientada espacio-temporalmente y descartar demencias y/o deterioro cognitivo.

Pruebas de personalidad

En ocasiones es recomendable aplicar alguna prueba de personalidad si sospechamos que el individuo puede tener algún trastorno mental. Instrumentos como el EPQ son ideales para medir este tipo de variables.

Llegados hasta aquí y viendo cómo está el panorama, en un país donde ha aumentado el porcentaje de conductores mayores de 75 años, donde detrás de muchos asesinatos hay personas con algún trastorno mental (que tenían licencia para portar armas), tenemos que plantearnos lo siguiente: ¿los test psicotécnicos garantizan realmente la capacidad del conductor para manejar un vehículo o del armero para disponer de armas?

Podemos afirmar que estas pruebas son totalmente eficaces y válidas. No obstante, es necesario seguir investigando y trabajando con las técnicas de neuropsicológicas de screening.

Autoestima: Cómo influye en el sobrepeso

“De todos los juicios que hacemos a lo largo de la vida, ninguno es tan relevante como el que hacemos sobre nosotros mismos, porque este juicio es el motor de nuestra existencia”. Nathaniel Branden.

¿Cómo es posible que tras decenas de dietas una persona no sea capaz de aprender a comer bien y mantenerse dentro de unos límites saludables de peso?

A un intento le sucede otro nuevo, con prácticamente los mismos resultados. Se logra bajar una cantidad considerable de peso, muchas restricciones alimentarias, y al dejar la dieta, o bien porque se ha alcanzado el resultado deseado o porque se ha agotado toda la motivación, se recuperan todos los kilos y alguno más de regalo.

Cualquier persona con sobrepeso verá que en esto se resume su vida: una dieta tras otras y una sensación de pérdida de control sobre su cuerpo y, por sobregeneralización, sobre su vida. Aparecen dietas milagro, nuevos ejercicios y tratamientos y el pensamiento de que esta vez sí será la buena resurge en la cabeza. Los intentos no llegan a dar sus frutos, algo falla y no encuentran la explicación.

Sin embargo, todo es mucho más fácil de lo que parece a simple vista. Para ello, debemos entender el cuerpo como una mezcla de sentimientos, pensamientos, emociones, personalidad y genes. Todo, absolutamente todo, conforma lo que somos. Entidades que se relacionan estrecha y directamente. Entidades que no existirían si una de ellas desapareciese. Por tanto, si decidimos bajar de peso, ¿no estarían en juego también otros factores y no sólo la alimentación y el ejercicio físico? De hecho, son los otros factores los que sustentan la dieta y los nuevos hábitos.

Y podemos aún simplificar más la ecuación. Emociones, pensamientos, sentimientos y, por supuesto, conductas se encuentran abarcadas sobre un único concepto: la autoestima, nuestra capacidad de valoración propia y del mundo, un conjunto de creencias basado en las experiencias acumuladas a lo largo de nuestra vida.

“Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre la puerta y se deja entrar al futuro”. Deepak Chopra.

Al principio de nuestra vida, cuando somos bebés y niños pequeños, nuestra forma de ver y entender el mundo no se extiende más allá de nuestros padres y nuestros familiares más cercanos. Todo lo que ellos dicen se convierte en una verdad universal. Por tanto, su forma de relacionarse entre ellos, con nosotros y también con ellos mismos, es para nosotros una verdad irrefutable. Sus prejuicios, sus discusiones, sus enfados y, por supuesto, también sus cosas buenas, van creando en nosotros una carta de vida que se irá convirtiendo poco a poco en nuestra personalidad.

Si nuestros padres -primero padres y después las demás personas que se irán sumando a nuestra vida, como nuestros profesores- nos dicen que somos malos, nosotros creeremos que somos malos. Si nos dicen que somos incapaces de hacer nada a derechas, nosotros lo convertiremos en una verdad absoluta. Vamos absorbiendo todo lo que nos dicen y hacen, siendo este el patrón que repetiremos en nuestra vida adulta.

Por tanto, la autoestima es el pilar sobre el que se construye nuestra vida: emociones, sentimientos, pensamientos y conductas. Somos lo que somos y hacemos lo que hacemos porque nuestra autoestima así nos lo marca. Y, además, siempre buscará la forma de demostrarnos que tiene razón. ¿Creemos que no somos capaces de aprobar un examen? Encontrará el camino para que esto se confirme: no estudiaremos lo suficiente, faltaremos a clase, decidiremos salir de fiesta la noche anterior… Lo que sea por confirmar la creencia.

Interfiere en todas las áreas de nuestra vida, lo que también incluye nuestro peso, la forma de comer, la alimentación y nuestros hábitos. Una autoestima baja, decidida a sabotearnos para volver a tener razón: no mereces ser feliz. Porque, aunque parezca impensable, podemos llegar a odiarnos a nosotros mismos.

Una baja autoestima, que implica una valoración excesivamente desfavorable sobre nosotros mismos, acaba generando odio y rencor hacia lo que somos. Un odio que hace que busquemos personas, conductas y hábitos que nos dañen. Un odio que muchos dirigen hacia la alimentación, ya que a corto plazo genera calma y satisfacción debido a mecanismos biológicos, pero que conlleva la posterior culpa, generando aún más odio.

Como decíamos antes, la autoestima siempre quiere tener razón, y con la comida y la falta de control sobre ella, se consigue. Este círculo vicioso, hace que sintamos que hemos perdido el timón sobre nuestra propia vida, y como necesitamos encontrar la calma, volvemos a comer, acabando convertidos en esclavos de la comida, el espejo y la báscula, incapaces de diferenciar el hambre real del emocional, sin freno y criticándonos aún más. Hemos conseguido odiarnos y comemos para demostrarnos lo débiles que somos.

Después de esto, lógicamente podemos entender que el problema del sobrepeso no reside en la alimentación o la vida sedentaria, sino que detrás de ello hay un conjunto de creencias limitantes bajo la dictadura de la autoestima que van a hacernos fracasar una y otra vez en los intentos por salir del agujero.

La solución está en aprender a controlar nuestras emociones, nuestros sentimientos, pensamientos y conductas y, para ello, debemos trabajar lo más importante, la autoestima. La labor consiste en ir reformulando nuestras creencias, convertirlas en aliadas y poco a poco ir creando unos cimientos de amor propio y valoración positiva que cooperen en nuestros objetivos, no que se conviertan en nuestro peor enemigo.

Trucos psicológicos para comer menos durante las fiestas

En estas fechas es casi imposible no plantearse la cuestión de las comidas navideñas, cenas de empresas, reuniones con amigos y familiares (casi siempre acompañadas de comidas o aperitivos)… Por ello, vamos a ver cómo nuestra cabeza puede ayudarnos a no cometer los excesos de los que luego podemos sentirnos culpables o arrepentirnos.

Los psicólogos pueden ayudarte en muchas áreas, empezando por ayudarte a darte cuenta que tienes un problema alimenticio (si es que lo tienes), mejorar la adherencia a una dieta, con trastornos de la alimentación… pero en este caso vamos a tratar de dar simplemente algunos consejos para que nuestra cabeza le gane la batalla al estómago.

En primer lugar tengo que saber ¿Por qué quiero controlar mi comida? y también ¿Realmente lo necesito? Responder a estas preguntas nos ayudará a estar motivados y concienciados de lo que queremos cambiar y sobre todo del por qué de ello.

En segundo lugar ¿Qué quiero conseguir? Necesito tener los objetivos claros, tienen que ser realistas pero desafiantes, es muy importante que tenga un plan de acción para llevarlo a cabo y me organice diferentes tipos de objetivos a corto, medio y a largo plazo.
Puedo consultar a un nutricionista o a algún profesional para que me aconseje que alimentos ingerir y cuales evitar si no se cómo hacer.
Hasta aquí hemos hablado a grandes rasgos y en aspectos generales de por dónde podemos empezar a tomar las riendas de este asunto, pero lo que muchos buscamos son respuestas breves y sencillas a las preguntas que tenemos, por eso os dejamos estos “tips” a la hora de sentarnos en la mesa para mejorar nuestros hábitos alimentarios:

La expresión “se come por los ojos” es muy cierta, ya que nuestro cerebro está preparado para detectar qué alimentos nos son provechosos y cuáles no, y la forma más fácil que tiene es mediante los sentidos de la vista y el olfato. Tenemos que ser conscientes de esto para no dejarnos llevar por esas ganas irrefrenables de comer cuando vemos u olemos algo con muy buena pinta.
¿Realmente tengo hambre? Uno de los problemas es que muchas veces comemos “por hacer algo”, es decir, ya que han puesto ese plato de papas en la mesa pues cojo, pero muchas veces comemos y no tenemos ni siquiera ganas de comer.
Derivado del punto anterior, viene el problema del picoteo. Cuando pico algo, ¿Sé realmente la cantidad que he comido?, en el 90% de los casos no. Además normalmente los aperitivos no suelen ser productos muy sanos, solemos picar fritos o cosas similares con altos contenidos calóricos. Por todo ello es muy importante controlar qué y cuánto “picoteo”.

Cuando nos servimos en nuestro plato la comida, tenemos que recordar lo que hemos dicho de que comemos con los ojos. Si yo me pongo el plato hasta arriba mi cabeza muchas veces no se da cuenta y nos comemos todo el contenido sin pensarlo, en cambio si yo me sirvo medio plato y al finalizar me quedo con hambre, tengo la posibilidad de repetir si lo necesitase.

Otro pequeño truco que podemos usar para engañar a nuestro cerebro es utilizar platos más pequeños, con lo que las porciones que sirvamos parecerán más grandes al compararlas con el plato y nuestro cerebro sentirá que es más fácil saciarse.
Por último, si yo me dedico a comer como una máquina sin procesar lo que estoy ingiriendo, mi cabeza no se da cuenta y no tendré tanta sensación de saciedad. Por ello, es bueno ser consciente de lo que voy comiendo, si me he servido cierta cantidad de esto o de aquello, si cojo cucharadas a rebosar o más pequeñas, si engullo o mastico bien las cosas…


Este es otro consejo, si mastico bien, obtengo al menos 3 beneficios, por un lado facilitaré luego la digestión y absorción de nutrientes, y por otro lado me hago más consciente de lo que estoy comiendo, tanto de la cantidad como de los sabores, textura y demás cualidades. Finalmente, al masticar más rato, tardo más en volver a ponerme comida en la boca y eso conlleva a que como menos ya que le estoy dando tiempo a mi sistema a que de la señal de que ya se ha saciado y ha comido suficiente.

Con todos estos consejos, sólo nos queda empezar a ponerlos en práctica y aprender a disfrutar de la comida sin cometer excesos de los que luego nos arrepentiremos.

Cómo la psicología trata el suicidio

Cada año se registran un millón de suicidios en todo el mundo. Debido a estas cifras alarmantes de suicidio se ha convertido en una epidemia. Sin embargo, es una epidemia silenciosa porque hay una muy gran tabú de la sociedad para hablar de ello, discutir las posibilidades de evasión y aun suponiendo que un ser querido ha acabado con su vida.

Tabúes al respecto

En la mayoría de los casos el que advierte el suicidio de alguna manera, más de una vez, antes de cometer el acto. Pero hay una incredulidad de las personas cercanas. Generalmente creen que la persona está tratando de llamar la atención, o que "los que quieren matar la verdad no solicita, sólo mata." Pensamientos completamente equivocado!

La idea de poner fin a la vida de uno no es trivial y no puede ser considerado como un natural en algún momento de la vida. Así que cuando alguien trata de verbalizar el deseo de matar, es importante que los familiares y personas cercanas que estén atentos en lugar de despreciar y dejar pasar el tema. Además de la incredulidad y el prejuicio sobre el tema, también hay una verdadera falta de preparación de la sociedad con el problema.

¿Que hacer?

¿Qué hacer cuando un ser querido está considerando la idea de poner fin a su vida? Busque ayuda profesional y nunca dudar! Profesionales capacitados para hacer frente a esta situación son el psicólogo y psiquiatra. Junto con esta red profesional es esencial contar con un apoyo familiar que soporte este momento de angustia tan fuerte.

Aspectos psicológicos

La gran mayoría de los que alguna vez han pensado en quitarse la vida tiene algún tipo de enfermedad mental que lo lleva a creer que esta es la mejor solución para poner fin al sufrimiento y generó a lo largo del estigma que lleva. Las enfermedades mentales más comunes son la depresión, el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

También hay otras circunstancias de la vida en el que la posibilidad de ideación suicida es mayor, mientras los dolientes (en su mayoría de edad avanzada), el alcohol y el abuso de drogas, personas que han sufrido maltrato o abuso sexual en la infancia y la impotencia. Estas son situaciones en las que la angustia y la desesperación son tan intenso que la persona no siente soporta.

En general, el proceso de dolor y desesperación está creciendo gradualmente. La persona comienza a aislar, para evitar situaciones que antes eran placenteras e incluso puede comenzar a tener dificultades para realizar las tareas cotidianas como ir a trabajar, por ejemplo. En este movimiento, no se puede comprender racionalmente el tamaño de la desesperación de la razón, porque "tengo todo lo que cualquier persona le gustaría tener" y, por lo tanto, la vergüenza y la culpa de ser sintiendo mal, aunque "a estar bien ante los ojos de los demás " hace que se cierre y aislar aún más. Uno se siente demasiado avergonzado para hablar y pedir ayuda, por lo tanto, los síntomas tienden a empeorar.

Vivir

Sí hay otras salidas! El apoyo y el afecto de las personas que vienen son fundamentales. La psicoterapia se convierte en un espacio crítico en el que esa persona puede trabajar sus fantasmas y miedos más profundos y darse cuenta de que hay otras maneras de vivir a pesar de lo que le ocurrió. La medicación prescrita por un psiquiatra, también se convierte en un aliado indispensable para permitir la angustia y ansiedad disminuyen un poco y, en el caso de las enfermedades mentales, ya sea para el tratamiento adecuado.

La vida es compleja y llena de altibajos. Pero, para ser vivida en la forma más ligera posible. Incluso cuando desacreditamos o algo parece más grande que nuestras fuerzas son capaces de soportar, siempre hay una salida! Creer y no tienen vergüenza! Pedir ayuda para conseguir convertir las dificultades en algo menos doloroso y más suave.